Edward Bach nació en Inglaterra el 24 de septiembre de 1886. Fue licenciado en ciencias, médico cirujano, bacteriólogo, patólogo y homeópata. A principios de la década de 1910, llevaba poco tiempo de estar ejerciendo su profesión médica cuando fue llamado a participar en la primera guerra mundial, pero debido a sus problemas de salud, no pudo ejercer como soldado. En vez de eso, se dedicó a atender a los enfermos y heridos de guerra, al tiempo que trabajaba en sus investigaciones como bacteriólogo.

En 1917 sufrió una hemorragia severa causada por un tumor, por lo que fue operado de urgencia. Al finalizar la operación, los médicos le explicaron la gravedad de su caso, pues solo le restaban 3 meses de vida. Bach poseía una gran fuerza de voluntad y sobre todo pasión por su trabajo, así que inexplicablemente para sus colegas, logró sobrevivir casi 2 décadas más de lo pronosticado. Bach siempre decía que amaba su trabajo, el cual le hacía muy feliz y por eso había obtenido tiempo extra para culminar su obra. 

Luego de saber el poco tiempo de vida que le quedaba, Bach trabajó arduamente en sus investigaciones en torno a la toxemia intestinal, las vacunas para esta enfermedad y la relación de las mismas con la homeopatía. Es así como conoce la obra de Hahnemann y Paracelso, quienes le inspiran a elaborar la idea de que las enfermedades pueden tener un origen emocional y espiritual. En este sentido, se explicaría la poca eficiencia de la medicina alopática ante algunos padecimientos, puesto que sus métodos están enfocados a tratar un origen material de la enfermedad.  

Bach queda plenamente convencido de que la enfermedad es un desequilibrio ocasionado por la falta de relación entre nuestra divinidad o alma y el cómo llevamos nuestras vidas, por lo que se dedica a buscar remedios que ayuden a las personas a reestablecer esta conexión. Además, se esfuerza en investigar remedios que no representen ningún tipo riesgo al tomarlos. Los riesgos podían suceder con cualquier otro tipo de medicamentos y sobre todo con las vacunas, ya que estas poseían el agente patógeno en su formulación. 

Finalmente, Bach encuentra a las candidatas perfectas. Seleccionó ciertos tipos de flores que en su profunda investigación y pruebas con numerosos pacientes, encontró que ayudaban a equilibrar los estados emocionales de los mismos y por ende les llevaba a estar en armonía con su divinidad interior.  

Desde 1928 a 1936, Bach fue descubriendo más flores para agregar a su sistema de sanación, llegando a un total de 38, que podían combinarse hasta en un número de 7 en una misma fórmula floral. Tal fórmula estaría destinada a tratar un desequilibrio emocional (Para Bach, esto era un estado temprano de la enfermedad), e incluso tratar enfermedades físicas (Bach creía que cuando la enfermedad se hacía física ya estaba en un estadío avanzado, pues había abandonado el plano mental para instalarse en el físico).

Durante el tiempo que trató a sus pacientes con sus remedios florales, Bach tuvo más exito en la curación de los mismos que con sus métodos alopáticos, por lo cual abandonó la medicina alopática y se dedicó plenamente al tratamiento homeopático de sus pacientes. 

Bach muere el 27 de noviembre de 1936, dejando un gran legado en el ámbito de la medicina, la homeopatía y  de la comprensión de la enfermedad, considerando la curación de cualquier padecimiento a través de la conexión con nuestro propósito individual espiritual.  

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